El turismo en jaque ante el laberinto político peruano

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El sector privado mira con profunda preocupación el balotaje presidencial, advirtiendo que la falta de consensos y la polarización frenarán la urgente reactivación del turismo receptivo.

LIMA. El sector turismo, uno de los motores económicos más golpeados y que aún no logra recuperar sus niveles prepandemia, observa con alarma el escenario de incertidumbre electoral. La parálisis legislativa y la incapacidad de tender puentes entre el Ejecutivo y el Congreso en los últimos años ya han pasado factura a la conectividad y la competitividad del país. Ahora, frente a un resultado milimétrico y dos propuestas diametralmente opuestas, los gremios turísticos advierten que el verdadero reto del próximo gobernante será devolver la predictibilidad que los inversionistas internacionales exigen.

Un eventual gobierno de Roberto Sánchez genera fuertes dudas en los operadores turísticos debido a la naturaleza de su coalición. Al depender de facciones de izquierda radical y del castillismo, el sector teme una claudicación en la disciplina macroeconómica y un rebrote de la conflictividad social si no se cumplen las demandas de las bases más extremas. Para el turismo, las protestas y los bloqueos de vías representan un golpe letal; por ello, la capacidad de Sánchez para contener estas tensiones y aliarse con fuerzas moderadas será clave si no quiere ahuyentar definitivamente los proyectos de inversión en infraestructura hotelera y conectividad.

En la otra orilla, la opción de Keiko Fujimori ofrece, en teoría, un escenario de mayor fluidez con el Parlamento y un enfoque pro-mercado que priorizaría el crecimiento económico. Sin embargo, este panorama favorable para las inversiones trae consigo un alto riesgo de reactivación del antifujimorismo en las calles. Si las promesas de orden público y reactivación no muestran resultados inmediatos, las movilizaciones sociales podrían empañar la imagen país en el exterior, provocando cancelaciones masivas de reservas internacionales y frenando el flujo de viajeros hacia destinos emblemáticos que dependen de la paz social.

La realidad es crítica: con candidatos que apenas concentraron el 29% del apoyo real en primera vuelta, el próximo Gobierno nacerá sin un cheque en blanco y con un margen de maniobra extremadamente reducido. Para una industria que vive de la reputación internacional, la seguridad y la estabilidad, este entorno de desconfianza debilita las campañas de promoción en el extranjero. Gane quien gane, el turismo peruano se enfrenta a un periodo de alta vulnerabilidad, donde la falta de estabilidad política amenaza con prolongar el estancamiento de un sector que genera miles de empleos en todo el territorio nacional.

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