Meliá cierra una etapa histórica en Cuba y deja un mercado turístico al borde de la transformación

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La cadena española puso fin a 36 años de presencia en la isla, donde llegó a generar más de una cuarta parte de su beneficio mundial. Su salida abre ahora la incógnita sobre quién asumirá la operación de una infraestructura hotelera que requiere fuertes inversiones.

La Habana, Cuba

Cuba ha perdido uno de sus principales operadores hoteleros internacionales. Meliá Hotels International completó en julio de 2026 su salida de la isla, poniendo fin a 36 años de operaciones en un mercado que durante su mejor etapa llegó a representar alrededor del 25% de sus ingresos y más del 25% de su beneficio bruto. Sin embargo, en 2025 la contribución de Cuba al negocio de la compañía había caído hasta apenas el 2%.

La retirada de Meliá no fue un hecho aislado. Iberostar y Barceló también dejaron de operar en Cuba, cerrando un ciclo de más de tres décadas de presencia de grandes cadenas españolas. La salida se produjo en un contexto marcado por dificultades operativas, financieras y legales, además de las restricciones y sanciones estadounidenses que han afectado de manera directa al sector turístico y al acceso a combustible y servicios financieros.

El impacto sobre Meliá también ha sido significativo: la compañía anticipó una pérdida de 79,4 millones de euros relacionada con su salida de Cuba. Mientras tanto, el mercado hotelero de la isla afronta otro desafío: gran parte de sus establecimientos acumula años de inversión insuficiente y mantenimiento limitado. Cuba dispone de más de 80.000 habitaciones y alrededor del 40% estuvieron bajo gestión de operadores españoles, por lo que la retirada deja un vacío considerable en la estructura turística del país.

El escenario que se abre ahora podría favorecer la llegada de nuevos operadores internacionales, especialmente estadounidenses, pero el proceso requerirá algo más que asumir la gestión de los hoteles. Serán necesarias inversiones importantes para modernizar instalaciones, recuperar estándares internacionales y establecer un marco legal que garantice seguridad para los capitales y mecanismos claros para repatriar beneficios. Para Cuba, el futuro de su industria turística dependerá de cómo resuelva ese desafío en medio de una profunda crisis económica y una caída histórica de visitantes.

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