Cusco y Apurímac emergen como nuevos referentes del vino peruano de altura

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Proyectos vitivinícolas desarrollados en los Andes están ampliando las fronteras de la producción nacional con etiquetas de alta calidad que comienzan a ganar reconocimiento dentro y fuera del país.

Lima, Perú.– La vitivinicultura peruana vive una nueva etapa de expansión con el surgimiento de proyectos en Cusco y Apurímac, regiones que están demostrando el potencial de los viñedos de altura para producir vinos de calidad internacional. Bodegas como Wayocari, en el Valle Sagrado de los Incas, y Apu Winery, en Curahuasi, vienen liderando esta transformación, apostando por cepas poco tradicionales y elaboraciones de pequeña escala que enriquecen la oferta vitivinícola del país.

La producción en altura ofrece condiciones privilegiadas para el cultivo de la vid. La marcada amplitud térmica entre el día y la noche favorece una maduración más lenta de las uvas, permitiendo una mayor concentración de aromas, color y estructura. Estas características, presentes en reconocidas regiones vitivinícolas del mundo, también se encuentran en los Andes peruanos, donde los productores han comenzado a desarrollar vinos con identidad propia y un marcado carácter territorial.

En el Valle Sagrado, Wayocari ha logrado posicionarse como una de las bodegas más prometedoras del país gracias a sus vinos elaborados en un entorno privilegiado de Cusco. Por su parte, Apu Winery, cuyos viñedos se encuentran entre los 2.850 y 3.300 metros sobre el nivel del mar, ha experimentado con diversas variedades internacionales como Sauvignon Blanc, Cabernet Sauvignon, Sangiovese, Syrah, Merlot, Tannat, Riesling, Cabernet Franc y Pinot Noir, consolidándose como uno de los proyectos pioneros del vino de altura en el Perú.

El crecimiento de estas iniciativas refleja la diversificación de la industria vitivinícola peruana, tradicionalmente concentrada en la costa sur. La apuesta por nuevas zonas de cultivo no solo fortalece la producción nacional, sino que también abre oportunidades para el desarrollo del enoturismo, integrando experiencias gastronómicas, paisajes andinos y cultura local. Con ello, Cusco y Apurímac comienzan a consolidarse como nuevos destinos para los amantes del vino, posicionando al Perú como un país con una oferta vitivinícola cada vez más diversa y competitiva.

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