El CEO de LATAM, Roberto Alvo, advierte que el fuerte incremento del combustible para aviación ya comienza a trasladarse al precio de los pasajes y podría afectar la oferta si el escenario se prolonga.
Santiago, Chile.
El fuerte incremento del precio del petróleo y, especialmente, del combustible para aviones (jet fuel) está comenzando a impactar directamente en las tarifas aéreas. Roberto Alvo, CEO de LATAM Airlines, señaló que el encarecimiento del combustible ya se está trasladando parcialmente a los pasajeros, en un escenario marcado por la tensión geopolítica en Medio Oriente y las restricciones en la oferta de productos refinados.
Según Alvo, el combustible de aviación ha registrado un aumento particularmente rápido y significativo. El ejecutivo explicó que la situación genera presión sobre los márgenes de las aerolíneas y obliga al sector a evaluar medidas para absorber parte del incremento de costos. En abril, ya había advertido que el precio del combustible podría mantenerse en niveles elevados y que, si la tendencia persistía, tendría consecuencias sobre las tarifas y la capacidad de las compañías.
El impacto ya aparece en los resultados de LATAM. Durante el segundo trimestre de 2026, los costos asociados al combustible alcanzaron US$1.700 millones, un incremento de 93,1% frente al mismo periodo de 2025. El precio pagado por el combustible, incluyendo coberturas, aumentó 81,3%. Pese a ello, el grupo transportó 21,1 millones de pasajeros y elevó su capacidad consolidada 8,9%.
El escenario también plantea interrogantes para la conectividad aérea. Alvo ha señalado que, si los costos elevados se mantienen, algunas rutas podrían experimentar ajustes de frecuencia o capacidad, especialmente aquellas con menor rentabilidad. Al mismo tiempo, LATAM mantiene sus planes de expansión: para el periodo noviembre de 2026-marzo de 2027 prevé incorporar hasta 14 aviones Embraer E195-E2 a la operación brasileña, con 42 rutas y cuatro nuevos destinos.
La situación coloca nuevamente al combustible como uno de los principales factores de presión para la industria aérea, con un efecto que alcanza a aerolíneas, pasajeros y destinos turísticos. Mientras las compañías buscan equilibrar costos y capacidad, el comportamiento del petróleo y del jet fuel será determinante para la evolución de las tarifas y la conectividad durante los próximos meses.
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