Tras un ajustado triunfo electoral ratificado al 100% por la ONPE, la virtual presidenta electa deberá estabilizar la macroeconomía, mitigar el impacto climático y frenar la inseguridad para devolver la confianza a los mercados internacionales.
LIMA. Luego de que la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) concluyera el cómputo al 100% de las actas de la segunda vuelta presidencial, confirmando a Keiko Fujimori como la virtual ganadora con el 50.135% de los votos frente al 49.865% de Roberto Sánchez, el país ingresa a una compleja etapa de transición política. La estrecha diferencia de apenas 49.641 votos —en un proceso que movilizó a más de 18 millones de electores y que requirió la resolución exhaustiva de actas observadas por los Jurados Electorales Especiales— dibuja un escenario de profunda polarización y urgencia institucional. Con el resultado oficial sobre la mesa, el verdadero desafío de la líder de Fuerza Popular comenzará a partir de su toma de mando, donde la reactivación del aparato productivo y la atracción de capitales dependerán exclusivamente de su capacidad para resolver tres crisis estructurales.
El primer y más apremiante desafío para la administración entrante es el control de la seguridad ciudadana y el crimen organizado, fenómenos que en los últimos años han deteriorado severamente el clima de negocios y la imagen internacional del Perú como destino seguro. La criminalidad urbana no solo afecta el comercio local, sino que golpea de forma directa a la cadena de valor del turismo receptivo y de lujo, ahuyentando a los visitantes internacionales y encareciendo los costos operativos de hoteles, transportistas y agencias de viajes debido a la necesidad de implementar esquemas de protección privada. Sin un plan de pacificación interna y un fortalecimiento real de las fuerzas del orden que devuelva la previsibilidad a las calles, los esfuerzos por promocionar las marcas locales en el exterior carecerán de base sólida.
Clima, macroeconomía y la urgencia de captar inversiones
Paralelamente, la presidenta electa deberá liderar la gestión de riesgos y la reconstrucción de la infraestructura dañada por los efectos del Fenómeno del Niño. Las anomalías climáticas recurrentes continúan golpeando de manera crítica la conectividad vial, destruyendo tramos de carreteras clave y afectando la operatividad de terminales aéreos y ferroviarios en el norte y sur del país. Para el sector turístico, el impacto es doble: mientras la destrucción de vías impide el acceso físico a corredores arqueológicos y paisajísticos emblemáticos, la inestabilidad climática paraliza las inversiones hoteleras y de servicios en las regiones más vulnerables. La nueva gestión tendrá la obligación de acelerar la ejecución de obras de prevención y saneamiento bajo un enfoque de resiliencia, asegurando que la infraestructura pública esté preparada para sostener el flujo de viajeros durante todo el año.
Finalmente, el pilar que articulará el éxito o fracaso de estas medidas será el manejo de la macroeconomía nacional. Fujimori asume el mando con la imperiosa necesidad de enviar señales claras de estabilidad jurídica y técnica a Wall Street y a las corporaciones globales, en un contexto donde el tráfico aéreo internacional y los indicadores de consumo han mostrado volatilidad en el último ejercicio. Mantener una disciplina fiscal estricta, destrabar proyectos de infraestructura público-privada paralizados por la burocracia y diseñar incentivos tributarios eficientes serán pasos cruciales. Solo consolidando un entorno macroeconómico previsible se podrá recuperar la confianza de aerolíneas globales, cadenas hoteleras internacionales y operadores de infraestructura, logrando que el turismo vuelva a posicionarse como el gran motor descentralizado de la economía peruana.
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