Aunque los viajes internacionales parecen abaratarse para los colombianos, una amenaza cambiaria devora la rentabilidad empresarial. ¿Por qué un peso fuerte se convirtió en el peor enemigo del sector?
A pesar de que la Tasa Representativa del Mercado (TRM) en Colombia ha registrado una caída del 3,6% en lo que va de 2026, esta aparente buena noticia esconde una crisis profunda. Según el más reciente sondeo de ANATO, cerca del 60% de las agencias de viajes asociadas reporta un impacto directo y negativo en su rentabilidad a causa de la constante volatilidad cambiaria. La ilusión de un dólar más amigable no se traduce en mayores ganancias, sino en un desajuste crítico que pone contra las cuerdas la estabilidad financiera de la industria turística.
La raíz de este fenómeno radica en la compleja brecha temporal que existe entre el momento en que se cotiza un paquete turístico y el instante en que se liquida el pago a los proveedores internacionales. Esta inestabilidad devora de forma invisible los márgenes de beneficio en el turismo emisivo. Paralelamente, en el segmento receptivo, la apreciación del peso colombiano encarece al país ante los ojos de los extranjeros, una desventaja competitiva que se agrava drásticamente al sumarse factores como la informalidad, la percepción de inseguridad y las severas alertas de viaje emitidas desde el exterior.
Las cifras del estudio, presentado durante la Asamblea General Ordinaria de la asociación, revelan un panorama que exige atención inmediata. El 32,3% de las empresas vio mermada su ganancia real entre un 1% y un 10%, mientras que un 28,5% sufrió recortes de hasta el 20%. Los casos más críticos evidencian que más de un 25% de las agencias enfrentan pérdidas en su rentabilidad superiores al 21%, demostrando que apenas una reducida minoría (13,8%) ha logrado salir ilesa de estas feroces turbulencias financieras.
Para Paula Cortés Calle, presidenta ejecutiva de ANATO —cuya visión estratégica sobre la región analizamos a principios de año con nuestra audiencia en Miradas en Vivo—, la realidad operativa exige dejar de ver la caída del dólar como un simple incentivo comercial. Superar este escenario requerirá un monitoreo económico exhaustivo y el diseño de estrategias conjuntas urgentes para proteger al canal profesional frente a un mercado global que no perdona la falta de competitividad.
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