El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, respondió a las duras críticas por el elevado costo de las entradas para el Mundial 2026, atribuyendo el fenómeno a las dinámicas del mercado estadounidense. Según el mandatario, la legalidad de la reventa en EE.UU. UU. obliga a la entidad a ajustar sus tarifas originales; de lo contrario, los boletos terminarían en el mercado secundario a precios todavía más exorbitantes, duplicando su valor nominal.
La demanda ha alcanzado niveles sin precedentes, con más de 500 millones de solicitudes de boletos, una cifra que pulveriza los 50 millones registrados para los mundiales de Rusia y Catar combinados. Este interés masivo ha disparado el precio oficial para la final, que pasó de un máximo de 1.600 dólares en el torneo anterior a 11.000 dólares para la cita de 2026 en Nueva York.
Organizaciones de aficionados europeos han calificado esta estructura tarifaria como una “extorsión” y una “traición monumental”. En respuesta, han interpuesto una demanda ante la Comisión Europea denunciando precios excesivos y exigiendo la prohibición de los precios dinámicos. Los hinchas temen que el evento más importante del fútbol se vuelva inaccesible para el espectador promedio debido a esta escalada de costos.
La polémica se intensificó al detectarse boletos en plataformas de reventa por más de 2 millones de dólares cada uno. Infantino minimizó estas cifras, aclarando que un precio de lista no garantiza una venta real, e ironizó prometiendo llevar personalmente “una salchicha y una Coca Cola” a quien decida pagar semejante fortuna por asistir a la gran final del torneo.
A pesar de las quejas, la FIFA sostiene que el 25 % de las localidades para la fase de grupos se mantiene por debajo de los 300 dólares. No obstante, el sector del entretenimiento en EE.UU. UU. impone sus propias reglas, y la entidad asegura que deben adaptarse a este mercado, el más desarrollado del mundo, para gestionar la oferta y evitar que el beneficio se quede exclusivamente en manos de los revendedores.
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