URUBAMBA. El aluvión que golpeó la zona de Collpani Grande no solo se llevó dos vidas valiosas, sino que sepultó décadas de trabajo y sueños. Los fallecidos, Augusto Román Flores (78) y Filomena Ontón Soncco (70), eran los rostros detrás de la conocida Eco Hacienda Román, un espacio dedicado al turismo sostenible y la agricultura que hoy yace bajo toneladas de lodo.
Un patrimonio convertido en escombros
Lo que antes era un vergel de naturaleza y cultivos, quedó reducido a una zona de desastre que se extiende por más de un kilómetro. La fuerza del riachuelo Laucamayo no tuvo piedad con las instalaciones de la hacienda:
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Destrucción Total: Las viviendas y estructuras de la Eco Hacienda fueron arrasadas por completo.
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Pérdida de Sustento: El emprendimiento familiar, que servía de motor económico para la zona, ha quedado inoperativo, dejando a los herederos sin su fuente de ingresos.
El clamor de los herederos: “Reconstruir para honrar su memoria”
Los familiares de las víctimas, en medio del dolor por el sepelio de Augusto y Filomena, han lanzado un llamado urgente a las autoridades y a la comunidad civil. Su pedido es claro: ayuda técnica y materiales para la reconstrucción de las instalaciones.
“Mis padres dedicaron su vida a la Eco Hacienda Román. Verla destruida es como perderlos dos veces. Pedimos apoyo para levantar de nuevo lo que el lodo se llevó, no solo por nosotros, sino por el legado que ellos nos dejaron”, señalaron allegados durante las labores de limpieza.
Acción inmediata necesaria
Aunque la Policía Nacional y Defensa Civil han realizado las evaluaciones preliminares, los afectados subrayan que la ayuda humanitaria básica es insuficiente. Se requiere maquinaria pesada para remover el material sólido y un plan de reconstrucción estructural en esta zona crítica del distrito de Machupicchu.


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