La historia de Río Verde demuestra cómo la visión de una familia local y el turismo de naturaleza sostenible pueden convertir un poblado agrícola en un referente turístico internacional.
RÍO VERDE. En el eje vial que conecta Baños con el Puyo, la parroquia de Río Verde ha consolidado una de las transformaciones socioeconómicas más notables del sector turístico de Ecuador. Lo que durante décadas funcionó como un pequeño asentamiento andino dedicado casi exclusivamente a la agricultura de subsistencia, hoy se posiciona como un motor turístico esencial de la provincia de Tungurahua y un referente de desarrollo comunitario. El origen de este fenómeno radica en la perseverancia de Wilfrido “Don Wilo” Guevara y su familia, quienes en la década de 1990 decidieron abrir, de forma estrictamente artesanal y a golpe de pico y pala, el acceso a la imponente cascada del Pailón del Diablo.
La actual infraestructura, que hoy recorren miles de visitantes internacionales y agencias de viajes, nació como un sendero rudimentario excavado manualmente sobre roca viva. A lo largo de aproximadamente catorce años de intenso trabajo físico, cada escalón, mirador, zona de descanso y balcón natural fue levantado transportando piedra por piedra sobre los hombros de la familia Guevara. Aquella iniciativa, inicialmente tildada de “locura” local, terminó acuñando la identidad del atractivo; el nombre “Pailón del Diablo” fue establecido por el propio Don Wilo al observar el enorme recipiente o “pailón” que forma el agua al golpear la base rocosa, sumado a las formaciones pétreas que simulan un rostro desde determinados ángulos del cañón.
Slow luxury, conectividad y el desafío de la cooperación local
El valor diferencial de esta ruta trasciende la monumentalidad de la caída de agua de más de ochenta metros de altura; radica en una experiencia sensorial inmersiva donde el entorno natural envuelve al viajero a través de puentes colgantes, locales de artesanías tradicionales y pequeños emprendimientos familiares. Con el auge del segmento de naturaleza y las tendencias globales orientadas al slow luxury y el turismo consciente, el destino ha capturado la atención de inversionistas privados que han desarrollado nuevos accesos alternativos al atractivo, diversificando y ampliando la capacidad de recepción de Río Verde.
Sin embargo, el crecimiento acelerado de la oferta plantea nuevos desafíos de gestión para los actores del ecosistema turístico de la provincia. Operadores y líderes comunitarios coinciden en que, ante la coexistencia de múltiples accesos privados, el destino requiere fortalecer con urgencia los mecanismos de cooperación público-privada. Establecer una visión compartida y unificada del destino no solo blindará la sostenibilidad ambiental del cañón, sino que garantizará que los beneficios económicos derivados del flujo de visitantes se distribuyan de manera equitativa entre todas las familias de Río Verde que han migrado de la agricultura hacia la prestación de servicios turísticos y hoteleros de alta calidad.
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