BUENOS AIRES. A las puertas del Mundial 2026, el Gobierno argentino desestima que el evento deportivo provoque una sangría alarmante en las reservas del Banco Central. Aunque tradicionalmente la cita futbolística presiona las arcas públicas, el equipo económico respira tranquilo debido a un marcado enfriamiento en el turismo internacional y a la brutal pérdida del poder adquisitivo local frente a los elevados costos en Norteamérica.
Según proyecciones oficiales, se espera que unos 30.000 hinchas viajen a alentar a la Selección, una cifra ligeramente menor a los 35.000 que asistieron a Qatar 2022. Desde el sector analítico, la consultora Focus Market estima que un paquete básico para presenciar la fase de grupos promedia los USD 7.850 por persona, mientras que un gasto total estimado por pasajero rondaría los USD 10.000. En total, la salida de divisas prevista se ubica en torno a los USD 455 millones, una cifra que, según los despachos oficiales, “no mueve la aguja” de la autoridad monetaria.
La gran paradoja de esta edición radica en el contexto cambiario: mientras Argentina experimenta un tipo de cambio históricamente barato en dólares, la inflación acumulada del 952,28% hasta abril de este año pulverizó la capacidad de compra en pesos del sector formal. A esto se suma el encarecimiento de Estados Unidos, que registra una inflación del 11,4% en dólares en comparación con hace cuatro años, haciendo que las entradas y los servicios básicos ostenten precios prohibitivos para el bolsillo promedio.
Para mitigar el impacto cambiario, la flexibilización de los consumos con tarjeta en el exterior tras la eliminación del Impuesto PAIS ha modificado la conducta de los viajeros. El Banco Central reporta que el 70% de los egresos por turismo y tarjetas son cancelados directamente por los clientes utilizando billetes propios mediante la maniobra del “stop debit”, evitando la percepción del 30% a cuenta de Ganancias. Asimismo, los despachos oficiales detectaron que los pagos previos de reservas hoteleras y pasajes ya impactaron en los meses anteriores.
No obstante, expertos advierten sobre el indescifrable “efecto Messi”, ante lo que podría ser la última participación del astro argentino. Diversas consultoras señalan que la estrepitosa caída del turismo emisivo durante el primer cuatrimestre del año no responde a una crisis estructural, sino a una postergación estratégica: miles de familias decidieron sacrificar sus vacaciones de verano para reservar sus ahorros y apostarlo todo a la cita mundialista de junio.
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