Lima.- En el corazón de Miraflores, rodeados del color y la mística que caracterizan su obra, conversamos con el renombrado artista ecuatoriano Olmedo Quimbita. El “Pintor de la Luz”, como se le conoce internacionalmente, presenta en Lima su más reciente colección, un compendio de 19 piezas, la mayoría de ellas gestadas en este fructífero año 2026. La exposición, titulada “Tiempo sin Tiempo”, no es solo una muestra de su talento actual, sino un viaje reflexivo a través de sus 35 años de prolífica carrera. Quimbita, con la serenidad de quien ha dedicado su vida a la creación, nos desvela los secretos detrás de sus lienzos, su proceso creativo y la profunda conexión que mantiene con sus raíces latinoamericanas.
Maestro Quimbita, es un honor estar aquí. Cuéntenos, ¿qué nos dicen estas 19 obras que presenta hoy en Lima?
El honor es mío. Esta colección, “Tiempo sin Tiempo”, es muy especial. Reúne 19 obras, casi todas pintadas este año. Decidí titularla así para resumir estos 35 años de trayectoria. “Tiempo sin Tiempo” es lo que sucede cuando creas. Te sumerges tanto en el cuadro que el tiempo cronológico deja de existir. Esa es la esencia de la musa, de la inspiración: trascender el tiempo.
Treinta y cinco años de carrera y más de 3000 obras distribuidas por el mundo… ¿Cómo ha evolucionado esa inspiración a lo largo de estas tres décadas?
Ha sido un proceso de cambios permanentes. Pinto todos los días, y cada día es una búsqueda. No tengo una obra favorita; cada una fue mi favorita en el momento en que la creé. Cuando veo fotos de mis cuadros de hace 30 años, me sorprendo de cómo los pinté. Lo que sí hay ahora, en estas obras del 2026, es una madurez, una maestría que se asemeja a la del vino que se añeja. Cada año deja una huella, pero la versatilidad me define; no puedo pintar dos cuadros iguales.
Eso hace que cada una de sus obras sea un capítulo único de su vida…
Exactamente. Quien compra una obra de Quimbita, compra un capítulo de mi existencia. Mi arte es una investigación permanente, una aventura que me mantiene vivo. Me levanto a las cinco de la mañana pensando: “¿Qué voy a crear hoy?”. No busco la inspiración; la proceso. Las ideas llegan cuando estás despierto y trabajando. No puedes sentarte a esperar que la inspiración te toque; hay que estar en el estudio, con el pincel en la mano.
Como decía Vargas Llosa, la inspiración tiene que atraparte trabajando…
Así es. Grandes como Vargas Llosa o García Márquez entendían esto. El arte nace del trabajo constante. A veces te saturas, paras, descansas, y luego regresas y las ideas vuelven a fluir. Crear no es pensar en si la obra durará mil años, sino en el acto mismo de la creación, en ese fluir permanente.
Hablando de la trascendencia de la obra, sus creaciones están ahora presentes en productos que son emblemas culturales, como el pisco o el vodka peruano. ¿Qué significado tiene esto para usted?
Tiene un significado profundo. Latinoamérica es maravillosa. Cada país hermano tiene su propia gastronomía, su propia bebida, su propia identidad. Ver mi arte en un contexto que celebra la riqueza cultural y el folclor de nuestra región, como lo son el pisco o el vodka peruano, es algo maravilloso. Es una forma de unir nuestras culturas, de celebrar lo que somos como latinoamericanos.
Maestro Quimbita, muchísimas gracias por sus palabras y por compartir su arte con nosotros.
Gracias a ustedes por el espacio y por el interés en mi obra.
![]()

