ECUADOR.-A pocos kilómetros del Quito urbano, la parroquia de Pacto guarda uno de los territorios con mayor potencial para consolidar una nueva narrativa turística del Distrito Metropolitano: naturaleza, producción rural, patrimonio arqueológico y memoria ancestral conviven en un paisaje integrado a la Reserva de Biósfera del Chocó Andino. Conocida por su tradición panelera y agrícola, Pacto ha ido ampliando su identidad hacia un turismo que encuentra valor precisamente en aquello que el territorio ha sabido preservar. Su reconocimiento en 2025 como uno de los Best Tourism Villages de ONU Turismo confirma que esta ruralidad no es periférica al futuro turístico de Quito, sino una de sus mayores oportunidades.
En ese escenario, el Museo de Sitio de Tulipe representa mucho más que una parada cultural. El complejo arqueológico permite aproximarse a la profunda huella del pueblo Yumbo y a una forma de comprender el territorio articulada alrededor del agua, los caminos, el intercambio y la relación entre paisaje y espiritualidad. Su trascendencia radica también en su capacidad para revelar que la historia de Quito no comienza ni termina en su Centro Histórico: se extiende hacia el noroccidente, por antiguos territorios y rutas que conectaron mundos andinos y subtropicales. Tulipe puede convertirse así en una puerta de entrada para recorrer Pacto desde la arqueología, la naturaleza y la identidad viva.
Pero ningún patrimonio genera desarrollo por sí solo. La oportunidad está en transformar la visita puntual en una experiencia territorial, capaz de conectar el museo con senderos, ríos, fincas productivas, café, caña de azúcar, panela, gastronomía, observación de naturaleza y alojamiento rural. Allí aparece el valor de quienes apostaron por la hospitalidad cuando el turismo todavía no ocupaba el lugar que hoy tiene en la agenda de desarrollo de la parroquia. Durante las últimas dos décadas, emprendimientos locales han contribuido a sostener empleo, movilizar proveedores y demostrar que permanecer en el territorio también puede significar producir oportunidades.
“Pacto necesita ser contado como un destino integral, donde quien llega por Tulipe descubra que hay mucho más por vivir y conocer en la zona. Tulipe puede ser el gran ancla cultural; Pacto, el territorio que multiplica la experiencia”, nos cuenta la licenciada Margoth Miño, gerente propietaria de Hostería Sumak Pakari, un ejercicio de hospitalidad con años de trayectoria en el noroccidente de Quito. Su experiencia permite mirar el turismo no únicamente desde el número de visitantes, sino desde su capacidad para activar cadenas productivas, generar consumo local y conectar patrimonio con bienestar, naturaleza y comunidad. La hostería mantiene una oferta vinculada al alojamiento y a experiencias de descanso en el entorno de Tulipe, reflejando esa evolución del territorio hacia una estadía más amplia y diversa.
El desafío ahora es convertir el reconocimiento y la riqueza existente en una estrategia sustained de promoción. Si el Distrito Metropolitano de Quito logra integrar con mayor fuerza su ruralidad a la promoción del destino, el noroccidente puede consolidarse como un corredor donde arqueología, biodiversidad, producción local y hospitalidad dialoguen en una misma propuesta. Porque quizá el futuro turístico de Quito no dependa únicamente de atraer más visitantes a los lugares ya conocidos, sino de invitarlos a descubrir los territorios que, durante décadas, han estado construyendo silenciosamente otra manera de recibir, producir y contar la ciudad.
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