Manuel Van Oordt sonríe como quien sabe que está presenciando un hito. No es solo la apertura de un espacio; es la concreción de un sueño que LATAM acarició durante mucho tiempo.
—Estamos felices —responde—. Queríamos ofrecer a nuestros clientes más fieles algo distinto: dos salones, Premium y Signature, diseñados para que la espera sea un placer. Un lugar bello, inspirado en el Perú, donde se respira calma, donde la gastronomía y las bebidas cuentan una historia. Aquí no solo se espera un vuelo: se vive una experiencia.
Habla con la certeza de quién ha cuidado cada detalle. Me cuenta que, en un momento de intensa competencia aeroportuaria, este salón es su carta de presentación, su declaración de principios: “Por fin podemos definir exactamente la experiencia que queremos dar”. Desde el diseño hasta el servicio, cada elemento fue elegido para transmitir calidez, elegancia y orgullo sudamericano.
Cuando le pregunto por la identidad cultural, sus ojos brillan. Reconoce que fueron los arquitectos que dieron forma a la visión, pero el deseo era claro: un espacio acogedor, internacional y, al mismo tiempo, profundamente peruano. Madera, ónix, textiles artesanales… y, como joya de la corona, una propuesta culinaria encabezada por James Berckemeyer y el Grupo Aramburú, que convierte la sala en una embajada gastronómica. “Queremos que quien entre aquí pruebe el Perú y lo recuerde”, dice.
El Perú, me explico, es una pieza estratégica para LATAM. Lima es un hub vital para conectar Sudamérica con el mundo, y su crecimiento es acelerado. Sin embargo, no todo es sencillo: la regulación excesiva, el alza de costos y la infraestructura que no crece al ritmo de la demanda son desafíos que la industria debe enfrentar con creatividad y visión a largo plazo.
