Con más de 180 artistas y la majestuosa presencia del Inca, la capital peruana revivió la ancestral Fiesta del Sol en un espectáculo que anuncia las celebraciones rumbo al Cusco 2025.
La Plaza Mayor de Lima se transformó en un escenario sagrado la noche del 27 de febrero con la escenificación del Inti Raymi, la milenaria Fiesta del Sol incaica. Organizado por la Municipalidad de Lima, la Municipalidad del Cusco y la Empresa de Festejos del Cusco (Emufec), el evento reunió a más de 180 artistas, incluyendo al Inca y su séquito imperial, quienes, desde el atrio de la Catedral, recrearon rituales ancestrales con danzas, música andina y un despliegue visual sin precedentes. “Este acto no solo honra al dios Sol, sino que reafirma nuestra identidad y atrae al mundo hacia el Cusco, joya del turismo sudamericano”, destacó Luis Beltrán, alcalde cusqueño, durante la ceremonia que busca impulsar la reactivación turística postpandemia.
Autoridades y diplomáticos: testigos de un legado vivo
El alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, recibió simbólicamente un quipu —sistema de registro inca— y elogió la herencia cultural cusqueña: “El Inti Raymi nos recuerda que somos hijos de una gran civilización”. El evento contó con la presencia de miembros del cuerpo diplomático, artistas y seis agrupaciones musicales que acompañaron la procesión del Inca, quien, desde las escalinatas de la Catedral, dirigió un mensaje de unidad y respeto a la naturaleza. Roberto Callañaupa, presidente de Emufec, resaltó que esta es la segunda vez que la ceremonia se realiza fuera del Cusco —tras su presentación en la Fitur de Madrid—, consolidando su proyección global.
De los incas al siglo XXI: una tradición que conquista al mundo
El Inti Raymi, prohibido tras la conquista española en 1535, fue recuperado en 1944 y hoy es la festividad cultural más importante del Perú, atrayendo a miles de turistas cada 24 de junio a la fortaleza de Sacsayhuamán. La versión limeña, un preludio de las Fiestas Jubilares del Cusco, incluirá en junio desfiles, el Corpus Christi y espectáculos de luces. “Esta es la conexión viva con nuestro pasado. Lima se viste de Cusco para recordar que el sol nunca se pone en nuestro patrimonio”, concluyó Beltrán. Un llamado a redescubrir el Perú, donde la historia no se lee, se vive.