*El presidente de EE. UU. vaticina cambios en la isla en “un par de semanas”. Bajo la estrategia de Marco Rubio, se busca desplazar a Díaz-Canel y sustituir la influencia de Rusia y China por hordas de turistas estadounidenses.
WASHINGTON D.C. / LA HABANA. En un giro diplomático que promete reconfigurar el Caribe, el presidente Donald Trump adelantó desde la Casa Blanca que cambios políticos significativos en Cuba son inminentes. Durante la recepción al equipo Inter Miami —campeón de la MLS 2025—, el mandatario aseguró a su dueño, Jorge Mas, que en cuestión de semanas los cubanoamericanos podrían viajar a la isla sin necesidad de aprobación previa.
«Todos ustedes volverán… No necesitarás mi aprobación, solo vuela de vuelta. Será un gran día», declaró Trump, sugiriendo que las autoridades cubanas, asfixiadas económicamente, están «desesperadas por hacer un trato».
Marco Rubio y la “pieza” del recambio
La estrategia de Washington tiene un arquitecto clave: el secretario de Estado, Marco Rubio. El plan apunta no solo a una apertura económica, sino a una transición política que podría cobrar la cabeza del actual presidente Miguel Díaz-Canel, quien sería desplazado para visibilizar el cambio.
Rubio ha establecido puentes de diálogo con el círculo íntimo de Raúl Castro, específicamente a través de su nieto, Raúl Guillermo Rodríguez Castro (alias “El Cangrejo”), y figuras del holding estatal GAESA. El objetivo es claro: arrebatarle a Rusia y China el monopolio de influencia sobre la isla y sustituirlo por un modelo de dependencia económica basado en el turismo masivo estadounidense.
El contexto global: Un Trump fortalecido
Esta ofensiva sobre La Habana ocurre en un momento de máxima autoridad para Trump tras el abatimiento del líder supremo iraní, Alí Jameneí, en una operación conjunta con Israel. Con un Irán desarmado, una Venezuela bajo control petrolero y una Argentina alineada, Trump utiliza el turismo como “arma de sumisión” económica.
La estrategia consiste en inundar la isla con millones de viajeros de EE. UU. para que, una vez que la economía cubana dependa totalmente de este flujo, Washington pueda usarlo como mecanismo de presión o colapso ante cualquier incumplimiento.
Desembarco de gigantes hoteleros y crisis aérea
El acuerdo, que negocian figuras como Alejandro Castro Espín y Óscar Pérez-Oliva Fraga, abriría las puertas a gigantes como Marriott, Hilton, Hyatt y Wyndham. Esto supondría un alivio para una isla que la próxima semana entrará en un “vacío virtual” de visitantes, tras la cancelación de vuelos desde Canadá y Rusia, sus principales mercados actuales.
Mike Hammer, encargado de negocios de la Embajada de EE. UU. en La Habana, confirmó que existen planes para una transformación «menos caótica» que beneficie al pueblo cubano y no solo a la élite gobernante.
Las claves de la transición:
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Plazo: Trump estima anuncios oficiales en aproximadamente 15 días.
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Turismo como motor: Apertura total para aerolíneas como American, Delta y United.
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Salida política: Posible relevo de Díaz-Canel por figuras negociadoras del entorno de los Castro.
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Geopolítica: Expulsión de intereses estratégicos de Moscú y Pekín en el Caribe.
La moneda está en el aire, pero para el inquilino de la Casa Blanca, el destino de Cuba ya no se decide en La Habana, sino bajo las condiciones impuestas desde Washington.
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