Lo que debía ser un viaje de regreso tras la visita a uno de los destinos más emblemáticos del mundo terminó en tragedia. Un autobús turístico que se dirigía a Nueva York desde las cataratas del Niágara volcó en la autopista Interestatal 90, a la altura de Pembroke, dejando un saldo de cinco muertos y más de 40 heridos.
El vehículo transportaba a 52 pasajeros, en su mayoría turistas de origen indio, chino y filipino, entre ellos varios niños. De acuerdo con la Policía Estatal de Nueva York, el conductor habría perdido el control tras una distracción, intentó corregir de manera brusca y terminó fuera de la vía, volcando en una zanja.
Las consecuencias fueron más graves debido a que muchos pasajeros no llevaban cinturón de seguridad en el momento del accidente, una situación que vuelve a abrir el debate sobre las regulaciones de seguridad en el transporte turístico en Estados Unidos. Helicópteros y ambulancias trasladaron de urgencia a los heridos a hospitales cercanos, mientras continúan las labores de identificación de las víctimas fatales.
Las autoridades ya iniciaron una investigación para determinar si el siniestro se debió únicamente a un error humano o si hubo también fallas mecánicas o deficiencias en el control de la empresa operadora. El accidente, uno de los más graves de la última década en la región, pone bajo la lupa la seguridad de los viajes turísticos de larga distancia, que cada año transportan a millones de visitantes hacia y desde Niágara.
