Un reciente informe del Banco Mundial, titulado Revisión de Finanzas Públicas para el Perú (PFR-Perú 2025), analizó microdatos de la SUNAT y concluyó que la reducción del IGV para restaurantes y hoteles —que bajó de 18 % a 8 % desde 2022— no generó efectos positivos evidentes en variables clave como empleo, volumen de ventas o precios.
Resultados decepcionantes para el sector beneficiado
El análisis identificó que tras la implementación de la tasa reducida, los establecimientos no registraron un aumento significativo en sus ventas ni en la creación de puestos de trabajo. Según el economista del Banco Mundial Antonio Cusato, coautor del informe, “lo único que se logró fue pagar menos tributos”.
Además, la medida parece haber incentivado prácticas que pueden fomentar la informalidad: muchas empresas del rubro dejaron de solicitar facturas a sus proveedores —una vía clave para generar crédito fiscal—, lo que reduce transparencia y trazabilidad en la cadena de consumo y producción.
Contexto: una medida pensada por la pandemia que no logró reactivar el consumo
La tasa reducida de IGV fue establecida por la Ley 31556 y su reglamento, aprobados en 2022 con el objetivo de reactivar el sector turístico y gastronómico tras los efectos de la pandemia. Inicialmente, el beneficio correspondía a las micro y pequeñas empresas (MYPES) del rubro.
Luego, el Legislativo amplió el beneficio hasta 2027 mediante la Ley 32219. Bajo esta normativa, la tasa especial de 8 % aplica para 2025 y 2026, con un escalonamiento al 12 % en 2027.
Problema fiscal y riesgos para la recaudación
El documento del Banco Mundial advierte que la reducción del IGV ha tenido un alto costo fiscal. De acuerdo con estimaciones oficiales, la caída en la recaudación ha significado pérdidas cercanas a S/ 500–800 millones al año.
Ese menor ingreso tributario podría debilitar las finanzas públicas y comprometer la inversión social, especialmente si la reducción se extiende sin tener resultados claros en empleo o formalización del sector.
Opiniones divididas: ¿beneficio real o distorsión tributaria?
Para el Gobierno, la tasa reducida fue una herramienta de alivio para las MYPES del sector turismo y gastronomía, castigadas duramente por las restricciones por la pandemia.
Sin embargo, organismos internacionales y expertos ven en este resultado una distorsión del sistema tributario: al no generar reactivación económica, la medida pierde sentido como incentivo, y en cambio, podría fomentar la informalidad y reducir la base de recaudación del Estado.
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