Las playas y calles vacías de Tulum reflejan un escenario inédito para este emblemático destino del Caribe mexicano, que durante años fue sinónimo de lujo, naturaleza y exclusividad. La temporada de verano 2025 cerró con apenas un 30 % de ocupación hotelera en la zona costera y un 15 % en el centro urbano, cifras que evidencian el desplome en la llegada de visitantes nacionales e internacionales.
Según reportes del sector, los vuelos hacia el Aeropuerto Internacional de Tulum se redujeron entre 30 y 40 %, lo que agrava la crisis de conectividad y afecta directamente la economía local.
Ante esta situación, comerciantes y prestadores de servicios turísticos han emitido una disculpa pública a los viajeros, reconociendo errores que afectaron la experiencia del visitante y pidiendo una “segunda oportunidad” para recuperar la confianza del turismo.
Los problemas estructurales del destino se han vuelto evidentes: precios elevados, transporte deficiente y acceso restringido a las playas, muchas de ellas bajo control militar. A ello se suman las tarifas de taxi que superan los 800 pesos (alrededor de 40 dólares) por recorridos cortos, generando quejas y descontento entre los turistas.
Además, la gentrificación y el desarrollo de zonas de lujo contrastan con la precariedad de amplios sectores de la población local, que viven en condiciones marginales y con servicios públicos deficientes.
La inseguridad también impacta la imagen del destino. En marzo pasado, el asesinato del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, José Roberto Rodríguez, conmocionó al municipio, mientras que las investigaciones sobre el sindicato local de taxistas por presuntos delitos han mantenido las alertas encendidas entre la ciudadanía.
En redes sociales, los visitantes comparten imágenes de playas desiertas y locales cerrados, comparando el panorama con el de un “pueblo fantasma”. Los testimonios destacan la restricción para acceder a las playas públicas, donde se cobra el ingreso por la zona arqueológica —220 pesos para mexicanos y cerca del doble para extranjeros—, además de tarifas adicionales por transporte interno.
Frente a esta situación, el reciente decreto legislativo que garantiza el libre acceso a las playas ha sido recibido con optimismo por el sector hotelero. Sin embargo, los empresarios advierten que el reto de restaurar la imagen de Tulum como destino abierto, accesible y seguro requerirá un esfuerzo conjunto entre las autoridades, la iniciativa privada y la comunidad local.
