Por Miradas Internacional
Aún no amanecía del todo cuando los primeros viajeros, un contingente de 22 agentes de viajes, comenzaron a congregarse en la Avenida Javier Prado. El aire limeño, fresco y expectante, presagiaba que sería un día fuera de lo común. El ambiente era de gran expectativa. Este grupo especial estaba listo para compartir una experiencia sensorial y cultural inolvidable: el fam trip “Barón de Huaura”. A las siete en punto de la mañana, el motor del autobús rompió el silencio. El reloj marcaba la partida y, con él, comenzaba la travesía hacia el norte chico. El autobús tomó la carretera Panamericana, llevando a los viajeros a su primer destino: la milenaria Ciudadela de Caral.
Durante el trayecto, los murmullos se mezclaban con la música que el chófer dejaba escapar suavemente por los parlantes. Algunos dormitaban; otros compartían historias de viajes pasados o miraban con curiosidad los letreros que anunciaban pueblos y valles. Caral fue la primera parada: una cita con la historia viva del Perú, donde las piedras cuentan los secretos de una civilización que floreció hace cinco mil años.
Tradición, viñedos y un refugio elegante
El sol ya brillaba alto cuando el grupo retomó su ruta hacia el siguiente destino: el Fundo Barón de Huaura, un rincón donde la tradición, la tierra y el buen gusto se dan la mano.
A la llegada, el aroma a campo y uva fresca recibió a los visitantes. La terraza fue el punto de encuentro inicial, donde unas bebidas frescas dieron la bienvenida. El grupo fue recibido por sus anfitriones: Sulema García, Gerente General del Fundo Barón de Huaura (FBH); Ana María Limahuaya, Jefa Comercial de FBH; y José García, Administrador de la FBH. Sus sonrisas cómplices marcaron el inicio de la jornada. Desde allí, el paisaje parecía una pintura: hileras de viñedos que se extendían hacia el horizonte y una brisa que arrullaba el murmullo de las hojas.

El recorrido por el viñedo comenzó entre cepas cuidadas con esmero, guiado por anfitriones que hablaban con pasión sobre la tierra, el vino y el pisco. En las bodegas del Barón, el aire olía a roble e historia. Los agentes probaron vinos jóvenes y piscos artesanales con notas de uva quebranta, italia y torontel. Entre copas y anécdotas, más de uno confesó sintiéndose parte de una tradición que continúa escribiendo su propia historia.


Luego, una visita a la fábrica de cerveza artesanal dio un toque refrescante al día. Entre burbujas, cebada y espuma dorada, los visitantes descubrieron el arte detrás de cada botella. Las risas, los brindis y las fotos grupales sellaron un ambiente de camaradería difícil de olvidar.

Un cierre con sabor a hogar
El almuerzo fue una experiencia aparte: platos criollos servidos con calidez, acompañados de vino de la casa y música en vivo que invitaba al disfrute. Los viajeros compartieron impresiones, intercambiaron contactos y se prometieron volver, no solo como profesionales del turismo, sino como embajadores de un destino que combina historia, sabor y hospitalidad.



La tarde cayó lentamente sobre los viñedos. El regreso a Lima estuvo lleno de comentarios, risas y la sensación compartida de haber descubierto un lugar donde la historia se entrelaza con los sentidos.
Porque el Fundo Barón no es solo una parada en el mapa del norte chico: es una experiencia que se saborea, se escucha y se recuerda. Más Fotos en la galería del face de Miradas Noticias:
