El Día Mundial del Turismo encuentra al Perú en una encrucijada. Si bien el país ostenta un potencial cultural, natural y gastronómico que lo sitúa entre los destinos más deseados de Sudamérica, los números aún no logran recuperar las cifras de prepandemia. A pesar de los esfuerzos del sector privado y de las campañas internacionales, los problemas internos siguen jugando en contra del despegue.
Deficiencias en infraestructura aeroportuaria, conflictos sociales recurrentes, decisiones poco claras en el transporte a Machupicchu, la limitada conectividad aérea y la burocracia en la promoción turística son solo algunos de los obstáculos que han frenado la llegada de viajeros internacionales. Mientras nuestros vecinos logran consolidar estrategias sostenidas de atracción, el Perú parece retroceder en discusiones internas que generan desconfianza en inversionistas y operadores.
Sin embargo, el futuro no está perdido. Si nuestras autoridades asumen con decisión y firmeza los compromisos que exigen la coyuntura, el país tiene todas las herramientas para reposicionarse como líder en la región. La diversificación de rutas, la apuesta por el turismo sostenible, la promoción digital y la coordinación efectiva entre el sector público y privado pueden devolvernos a la senda del crecimiento.
Este Día Mundial del Turismo debe servir no solo para celebrar nuestras riquezas, sino también para reflexionar sobre las acciones urgentes que necesitamos emprender. El Perú tiene todo para despegar, pero depende de que quienes toman las decisiones prioricen, de una vez por todas, el bienestar del sector y la proyección internacional del país.
