“Mientras ministra defiende venta presencial, gremios turísticos expresan su malestar”

Portada - Últimas noticias Turismo en Perú

La decisión de mantener mil boletos diarios para Machu Picchu en venta presencial sigue generando malestar entre gremios turísticos, autoridades locales y visitantes. Aunque la ministra de Comercio Exterior y Turismo, Desilú León, defiende la medida como parte del control de aforo para “cuidar” el patrimonio, en la práctica millas de turistas se ven obligados a soportar largas colas, pernoctar en Aguas Calientes y asumir sobrecostos que encarecen su experiencia de viaje. Según el gerente regional de Turismo del Cusco, Rosendo Baca, el alojamiento y la alimentación en la zona han incrementado sus precios hasta en un 100 %, afectando tanto a visitantes nacionales como extranjeros.

En temporada alta, las entradas virtuales suelen agotar semanas antes, dejando a los viajeros con la única opción de llegar a la localidad y esperar durante horas, sin la certeza de conseguir un cupo. La situación no solo afecta la comodidad de los turistas, sino que también alimenta el mercado informal, con revendedores que ofrecen boletos falsos o con sobreprecio. A pesar de las mejoras señaladas por la ministra —como el aumento de ventanillas de dos a cinco y la implementación de una cola virtual—, la demanda continúa superando la capacidad de atención, y las imágenes de multitudes esperando desde la madrugada son cada vez más frecuentes.

La polémica pone de aliviar la tensión entre la conservación del sitio y la necesidad de garantizar una experiencia turística de calidad. Si bien el Mincetur y el Ministerio de Cultura coordinan medidas para evitar el colapso del santuario, gremios como la Cámara Regional de Turismo del Cusco exigen cambios de fondo en el sistema de acceso. En su opinión, el control del aforo no debería implicar un sacrificio desproporcionado para el visitante ni incentivar la informalidad, sino buscar un modelo de gestión moderno y planificado, como ocurre en otros destinos de gran valor patrimonial.

Mientras se espera la conclusión del estudio de carga —previsto para fines de este año o inicios de 2026— que definirá si es posible ampliar el aforo sin comprometer la conservación, la tensión crece. Entre tanto, Machu Picchu sigue recibiendo millas de visitantes dispuestos a soportar incomodidades y gastos adicionales para cumplir el sueño de conocer la alegría del turismo peruano, aunque ese sueño hoy venga con un alto costo.