El mensaje a la Nación por Fiestas Patrias de la presidenta Dina Boluarte presentó al turismo como uno de los grandes motores de la economía peruana, destacando cifras alentadoras y proyectos ambiciosos. Sin embargo, una revisión crítica revela que el discurso estuvo marcado por un tono triunfalista que no siempre se condice con la realidad del sector.
Por un lado, es positivo que la mandataria reconozca al turismo como el tercer generador de divisas del país y resalte el crecimiento tanto del turismo receptivo como interno, respaldado por cifras millonarias. Las inversiones anunciadas, como el proyecto de Choquequirao y el financiamiento para el destino Arequipa–Colca, muestran una visión a largo plazo. Asimismo, la actualización de la Ley General de Turismo después de 16 años es un paso necesario para modernizar la normativa del sector.
No obstante, el discurso omitió problemas estructurales que afectan directamente el desarrollo turístico: inseguridad ciudadana, deficiencia en la conectividad aérea y terrestre, falta de promoción sostenida en mercados internacionales y la precariedad en muchas zonas turísticas del interior del país. Si bien se mencionó la reducción de sobrecostos para aerolíneas y la apertura de nuevas rutas, no se abordó cómo se garantizará su implementación efectiva.
El caso de éxito de Elsa, emprendedora en la isla de los Uros, y las iniciativas de turismo comunitario son ejemplos inspiradores, pero aislados. Estos proyectos requieren políticas integrales y continuidad en el tiempo para convertirse en verdaderos motores de desarrollo local. Asimismo, la proyección de Choquequirao con más de un millón de visitantes al año resulta ambiciosa, considerando que hoy en día el acceso sigue siendo complejo y la infraestructura deficiente.
Finalmente, el énfasis en grandes proyectos como el Megapuerto de Chancay o el nuevo aeropuerto Jorge Chávez plantea dudas sobre los beneficios reales para las comunidades locales y si estas inversiones estarán acompañadas de medidas para proteger el patrimonio cultural y ambiental.
En resumen, aunque el discurso de Boluarte resalta logros y proyecciones alentadoras, careció de autocrítica y de propuestas concretas para resolver los problemas inmediatos que enfrenta el turismo peruano. El reto del gobierno no es solo anunciar cifras y proyectos, sino garantizar que estos se traduzcan en beneficios sostenibles para todas las regiones del país.
