El sector turístico argentino atraviesa uno de sus peores momentos en términos de balanza turística. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), durante el primer trimestre del año salieron del país unos 6,7 millones de argentinos , mientras que solo ingresaron 2,4 millones de turistas internacionales . La diferencia negativa de 4,3 millones de personas representa el peor saldo en las últimas dos décadas.
En términos económicos, esta brecha ha generado un egreso estimado de 5.000 millones de dólares , frente a ingresos por apenas 1.500 millones. Una combinación que genera preocupación tanto en el gobierno como en el sector privado, especialmente ante la desaceleración de búsquedas para destinos nacionales y la retracción del turismo receptivo.
“El turismo emisivo mantuvo un ritmo explosivo hasta mayo, pero desde junio comenzó a frenarse”, señalaron analistas económicos. Sin embargo, el turismo interno no muestra señales de recuperación: las búsquedas cayeron un 30% en comparación con 2024 , incluso en plena temporada de vacaciones de invierno. Solo en el rubro de alojamiento, se perdieron 3.000 empleos en el último año, una caída del 4% que supera la media nacional.
Pese en contexto difícil, las agencias de viajes aseguran que los argentinos continúan planificando sus viajes al exterior, pagando en cuotas como si fuera un crédito personal , e incluso ya se observan reservas activas para 2026 .
El desafío para el gobierno de Javier Milei y los actores del sector turístico será diseñar estrategias que estimulen el turismo receptivo e impulsen nuevamente la demanda interna, buscando revertir una tendencia que amenace la sostenibilidad del empleo y la actividad económica del sector en el mediano plazo.
