Asociación turística advierte riesgos en accesos, seguridad y sistemas técnicos: “La inauguración se definiría la próxima semana”.
La Asociación Peruana de Agencias de Viajes y Turismo (Apavit) solicitó formalmente postergar, una vez más, la inauguración del nuevo Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, programada inicialmente para el 30 de marzo de 2025. Ricardo Acosta, presidente de la gremial, señaló que persisten fallas técnicas graves, como mangas de abordaje demasiado bajas para el paso de camiones y fosas de combustible sin autorización, sumado a retrasos en las pruebas integrales de operatividad. “Aplazar no beneficia a nadie, pero la seguridad de los pasajeros es prioridad”, enfatizó Acosta en entrevista con Canal N, tras revelar que la decisión final se tomaría en los próximos siete días.
Accesos caóticos y pruebas pendientes: un rompecabezas sin resolver
Además de los problemas técnicos, Acosta criticó el estado de las vías de acceso al aeropuerto, calificándolas de “desastre”. “Los turistas saldrán a una zona insegura, con personas pidiendo dinero bajo amenazas en la avenida Morales Duárez”, alertó. Aunque el recapeo de esta vía concluyó, la gremial exige un operativo de seguridad tipo “ejército” para proteger a visitantes. A esto se suma la demora en pruebas de estrés con máxima capacidad de pasajeros, clave para certificar el terminal. “Mi impresión es que habrá otro aplazamiento. Todo depende de los resultados”, admitió el líder de Apavit.
¿Tarjeta de presentación o riesgo para la imagen del Perú?
El nuevo Jorge Chávez, promocionado como la “puerta de entrada moderna al Perú”, enfrenta un dilema: inaugurar con observaciones técnicas o esperar hasta garantizar estándares internacionales. “Este aeropuerto es nuestra carta de presentación. No podemos permitir que los turistas tengan una primera mala impresión”, subrayó Acosta. Mientras el gobierno insiste en cumplir plazos, Apavit y otros actores del sector exigen prudencia: “Más vale prevenir que lamentar. Sin pruebas, no hay confianza”, sentenció. Con la mira en Semana Santa y el impacto económico, la presión por definir el calendario crece.